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Dejamos de instalar cargadores V2C Trydan

Por qué A Todo Sol deja de instalar Trydan (V2C) en obra nueva: protecciones que fallan, placas quemadas, carga dinámica frágil, app torpe, pinzas no bidireccionales y un SAT que culpa al instalador.

Dejamos de instalar cargadores V2C Trydan
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Dejamos de instalar cargadores V2C Trydan en instalaciones nuevas. No es un capricho comercial ni un titular para llamar la atención: es el resultado de meses —años— de incidencias reales en campo, de clientes que llaman porque el equipo deja de comportarse como prometía, y de un servicio técnico a domicilio que, en demasiadas ocasiones, ha preferido poner en duda al instalador delante del cliente final antes que mirar el equipo con honestidad.

Lo escribimos claro porque quien compra un punto de recarga merece saber qué hay detrás del marketing de “carga inteligente” y “todo integrado”. Y porque quienes ya tienen un Trydan instalado por nosotros merecen otra cosa igual de clara: no les abandonamos. Seguiremos luchando las garantías y el posventa de los equipos que hemos vendido.

Por qué cortamos con V2C Trydan en obra nueva

Trydan entraba bien en catálogo: cargador doméstico con protecciones opcionales dentro del equipo, app, carga dinámica… Sobre el papel, encaja con lo que un instalador fotovoltaico ofrece a un cliente con coche eléctrico.

En la práctica, el producto nos ha hecho sufrir demasiado. No hablamos de un fallo aislado. Hablamos de un patrón: fallos que aparecen alrededor del año, protecciones integradas que saltan sin motivo aparente, conectores y placas que acaban quemados, una carga dinámica que exige perfil de informático, una app torpe para compartir usuarios, dependencia absurda del Wi‑Fi del hogar… y, encima, técnicos que van a casa del cliente y cagan la cara al instalador.

Cuando eso se repite, la decisión deja de ser opinable: paramos de instalar Trydan en obra nueva.

Las protecciones integradas: el punto más grave

Trydan se vende mucho con el argumento de llevar protecciones dentro del cargador. Suena cómodo. En campo, esa “comodidad” se ha convertido en una de las mayores fuentes de incidencias que hemos visto en puntos de recarga.

Hemos tenido equipos en los que las protecciones internas saltan de forma recurrente, a veces cada una o dos cargas, sin que haya un cortocircuito ni un defecto de acometida que lo explique. Hemos sustituido protecciones (de marcas distintas) y, al cabo de unos meses o alrededor del año, el problema ha vuelto: el equipo vuelve a disparar o, peor, quema de nuevo.

En varios casos el origen real no era “la instalación del electricista”, sino un fallo del propio equipo: soldaduras defectuosas en conectores de la placa, calor en puntos de conexión, protecciones que no aguantan el ciclo de uso real. Eso lo hemos visto con los ojos —y con fotos— en intervenciones de garantía.

Y no somos los únicos que tropezamos con la complejidad eléctrica de este diseño. La propia documentación de V2C reconoce límites serios de las protecciones integradas (por ejemplo, incompatibilidades en ciertos tipos de red) y obliga a escenarios en los que el “todo dentro del cargador” deja de ser la solución limpia que se vende. Cuando el marketing promete simplicidad y el manual empieza a llenarse de excepciones, el cliente paga la diferencia en visitas técnicas.

Conectores que queman la placa

Uno de los escenarios más feos que hemos documentado: el equipo falla, se abre, y lo que aparece no es un cable mal apretado por el instalador, sino un conector / soldadura defectuosa en la placa que ha ido degradándose hasta quemar.

El daño no es solo técnico. Es reputacional. Porque mientras nosotros vemos la evidencia del fallo de fabricación o de componente, el relato que a veces llega al cliente desde el SAT es otro: “la instalación estaba mal” y “por eso se queman protecciones y conectores”. Ese guion es inaceptable. Si el equipo tiene un defecto, se dice. Si hay que cambiar placa o cargador en garantía, se cambia. Lo que no se hace es usar al instalador como fusible delante del dueño de la casa.

La carga dinámica: un dolor de cabeza (casi) informático

La carga dinámica —ajustar la intensidad del coche para no tirar el ICP / no superar la potencia contratada, o para aprovechar excedentes solares— es, en teoría, la joya del producto. En la práctica, para muchos clientes es un infierno de configuración.

No basta con “instalar y listo”. Hay que elegir medidor, esquema, pinzas, IP, protocolos, firmware, app… La propia web de soporte de V2C publica una lista larga de códigos de error de comunicación (timeouts, Wi‑Fi caído, pinza no detectada, Shelly no encontrado, Modbus que no responde…). Cuando el fabricante necesita una enciclopedia de errores solo para que el coche cargue “en dinámico”, el mensaje es claro: el cliente acaba teniendo que ser casi informático para tocar parámetros que nunca debería tocar.

En foros de usuarios (por ejemplo, hilos largos en Club Tesla) se repite el mismo hastío: desconexiones Wi‑Fi, actualizaciones que empeoran, carga dinámica que hay que desactivar para poder cargar, sensación de estar peleando más con el software que con el coche. No citamos eso como chisme: lo citamos porque coincide con lo que vemos en visitas reales.

Cambias la contraseña del Wi‑Fi… y se cae la carga dinámica

En muchas instalaciones la carga dinámica depende de que el cargador y el inversor (o el medidor Wi‑Fi) hablen por la red doméstica. ¿Qué pasa cuando el cliente cambia el router, la clave Wi‑Fi o pasa a otra tecnología (Starlink, mesh, VLAN de invitados…)? En demasiados casos, el cargador pierde la capacidad de carga dinámica hasta que alguien vuelve a emparejar, reconfigurar IPs o “hacer magia” en la app.

Un punto de recarga no debería quedar cojo porque alguien cambió la contraseña del Wi‑Fi de casa. Eso no es resiliencia: es fragilidad disfrazada de conectividad.

La app y compartir usuarios: experiencia horrorosa

Compartir el cargador con pareja, hijos o empleados debería ser trivial. Con el ecosistema V2C Cloud, en la práctica es un proceso tosco: cuentas, invitaciones, códigos, requisitos de registro… Clientes que solo quieren “que cargue el coche” acaban enredados en un flujo de permisos que parece diseñado por y para gente que vive dentro de una app, no para una familia normal.

Si el hardware ya pide paciencia, la capa de usuario no puede ser otro muro. Aquí lo es.

La pinza amperimétrica: no bidireccional (y los cuadros no son de juguete)

La pinza que se suministra en muchos kits no es bidireccional. En instalaciones con fotovoltaica eso no es un detalle menor: a menudo obliga a montar dos pinzas (o esquemas más rebuscados) para medir bien consumo e inyección / excedentes.

El problema se agrava en cuadros reales de vivienda: estrechos, saturados, con poco margen mecánico. Meter dos pinzas donde apenas cabe una no es “instalación profesional elegante”: es pelear contra el producto en un espacio que el marketing nunca enseña en las fotos de catálogo.

De nuevo, la documentación oficial está llena de avisos sobre colocación de pinzas, canales, esquemas monofásicos/trifásicos y errores del tipo “pinza no conectada”. Traducción para el cliente: si algo falla en la medida, la carga dinámica se degrada o se corta —y la culpa rara vez se cuenta como limitación de diseño.

El SAT a domicilio: el agravante que no perdonamos

Se puede discutir un producto. Se puede pelear una garantía. Lo que no vamos a normalizar es que el servicio técnico vaya al domicilio, mire al cliente a los ojos y cargue contra la instalación con argumentos que no se sostienen.

Lo hemos vivido en varias intervenciones encadenadas. Resumen del patrón (sin datos personales de nadie):

  • El técnico cuestiona delante del cliente secciones de cable o criterios de instalación que eran correctos.
  • Se llega a afirmar que la acometida es de una sección inferior a la real, y se usa ese apunte falso —o negligente— para “explicar” calentamientos o para sugerir que el instalador puso de menos.
  • En fallos con evidencia de conector/soldadura defectuosa en placa, el relato al cliente sigue siendo que “la instalación estaba mal” y que por eso se queman protecciones y conectores.
  • Incluso cuando advertimos por escrito, antes de la visita, de que no se volviera a atribuir el fallo a la instalación sin contraste, el guion se ha repetido.

Eso no es soporte: es destruir la confianza entre el cliente y quien le instaló el equipo. Para una empresa que vive de su reputación en campo, es línea roja. Tres veces seguidas no es “una confusión”. Es un método.

Los fallos llegan tarde (y eso duele más)

Muchas averías no aparecen el día de la puesta en marcha. Aparecen hacia el año, cuando el cliente ya confía en el equipo, cuando la garantía empieza a ser territorio de pelea, cuando nadie quiere oír que hay que abrir el cargador otra vez.

Ese retraso es especialmente cruel con las protecciones integradas y con los conectores de placa: el sistema “funcionó” lo bastante como para bajar la guardia… y luego falla en lo más sensible (seguridad eléctrica y capacidad de cargar sin saltos).

Qué significa esto para quien ya tiene un Trydan con nosotros

Seguimos con vosotros. Dejar de instalar Trydan en obra nueva no significa abandonar a quien ya lo compró a través de A Todo Sol. Seguiremos:

  • Gestionando y peleando las garantías de los equipos vendidos.
  • Atendiendo incidencias de carga dinámica, app, protecciones y comunicación.
  • Exigiendo al fabricante y a su red de soporte un trato técnico honesto: si el fallo es del equipo, se dice; si hay que sustituir, se sustituye.

Quien tenga un problema con un cargador instalado por nosotros, que nos contacte. Preferimos pelear la garantía nosotros a que el cliente se quede solo entre un SAT a la defensiva y un manual de códigos de error.

Qué ofrecemos a partir de ahora

Seguimos instalando puntos de recarga para vehículo eléctrico, con criterios más duros de selección de marca y de arquitectura (protecciones, medida, independencia del Wi‑Fi doméstico cuando sea posible, experiencia de usuario que no exija ser informático).

Preferimos decir “este equipo no lo instalamos más” antes que seguir vendiendo algo que sabemos que nos va a devolver en forma de visitas, broncas y clientes cabreados.

Conclusión

V2C Trydan nos ha salido caro en tiempo, en reputación y en paciencia. Las protecciones que fallan, las placas que se queman por conectores, la carga dinámica frágil, la app para compartir usuarios, las pinzas no bidireccionales en cuadros imposibles y un SAT que culpa al instalador delante del cliente son demasiadas líneas rojas juntas.

Cortamos Trydan en obra nueva. No cortamos con nuestros clientes. Si tienes un Trydan puesto por A Todo Sol y te está dando guerra, escríbenos: seguimos aquí para pelear lo que hay que pelear.

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